La historia de los grandes navegantes suele recordarse por sus hazañas marítimas, por los océanos cruzados o por los mapas que ayudaron a dibujar. Sin embargo, en ocasiones, un pequeño detalle documental permite descubrir la dimensión más humana de aquellos marinos. Eso ocurre con el testamento de Juan Sebastián Elcano, el capitán que completó la primera circunnavegación del planeta tras la muerte de Fernando de Magallanes.
Entre las disposiciones de ese documento aparece un encargo singular: la celebración de una misa diaria de la Concepción en un monasterio franciscano de A Coruña. Un gesto que, cinco siglos después, sigue generando memoria histórica y actos conmemorativos.
El testamento y una promesa espiritual
El testamento de Elcano constituye una fuente histórica de enorme valor para comprender tanto la vida personal del navegante como la mentalidad religiosa de los hombres de mar del siglo XVI. En él aparecen disposiciones económicas, menciones a familiares y pagos pendientes, pero también mandas espirituales.

En uno de sus párrafos más significativos puede leerse claramente:
«Item, digo que yo concerté con el guardián é frailes del monasterio de San Francisco de la Coruña para que dijesen una misa de Concepción cada día é tuviesen cargo de rogar á Dios por mi ánima, é de todos cuantos en esta armada veníamos é por la dicha armada fasta tanto que yo volviese á España…»
El texto continúa explicando que Elcano había comprometido el pago de sesenta ducados para sostener esa obligación religiosa, formalizada ante el escribano Cristóbal de Polo. Además, el marino dejó otra manda piadosa:
«Item, mando á la iglesia del Sr. Santiago de Galicia seis ducados.»
Este tipo de disposiciones era habitual entre los navegantes de la época. Las expediciones oceánicas eran empresas extremadamente arriesgadas, marcadas por enfermedades, tormentas o largos periodos de escasez. La religiosidad formaba parte de la vida cotidiana de las tripulaciones y las devociones marianas, especialmente vinculadas a la Inmaculada Concepción, eran comunes entre los marinos.
Un documento estudiado durante más de un siglo
La transcripción del testamento fue publicada en 1900 en la revista histórica vasca Revista Vascongada. Durante mucho tiempo, ese trabajo se atribuyó a distintos eruditos e investigadores de la época, entre ellos el historiador Eustaquio Fernández de Pinedo.
En la actualidad, el documento sigue despertando el interés de especialistas y archiveros. Entre quienes han trabajado sobre este material destaca el historiador, genealogista y archivero Francisco Borja de Aguinagalde Olaizola, especialista en historia y heráldica del País Vasco. Aguinagalde ha estado vinculado al estudio de documentación histórica relacionada con Elcano y ha dirigido el Archivo Histórico de Euskadi, además de ser miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia.
Aunque su nombre aparece frecuentemente asociado al estudio del testamento, la transcripción publicada en 1900 no fue realizada por él, sino por investigadores anteriores.
Una misa cinco siglos después
La promesa espiritual contenida en el testamento ha servido de inspiración para iniciativas culturales contemporáneas. El 6 de agosto de 2024, la comunidad franciscana de A Coruña celebró una misa conmemorativa por el alma del navegante, inspirada directamente en las disposiciones testamentarias.
El acto recuperó elementos litúrgicos propios de la misa de la Inmaculada Concepción, incluyendo oraciones y cantos asociados a esta devoción mariana tan extendida entre los marinos de la época. La celebración buscó evocar no solo la figura de Elcano, sino también la espiritualidad que acompañaba a las expediciones oceánicas del siglo XVI.
El acontecimiento fue recogido por el diario gallego La Voz de Galicia, destacando la conexión entre historia, memoria marítima y tradición religiosa en la ciudad coruñesa.

Recuperar la memoria marítima
Cinco siglos después de la primera circunnavegación del mundo —la expedición conocida como Magellan–Elcano circumnavigation—, el testamento de Elcano sigue ofreciendo pistas sobre la mentalidad de quienes se lanzaron a explorar los océanos.
La relación entre marinos y órdenes religiosas, la devoción a la Virgen y la preocupación por la salvación del alma formaban parte inseparable de aquella cultura marítima.
Por ese motivo, asociaciones culturales y entidades dedicadas a la divulgación histórica, como Bahía Ártabra, Asociación Histórico-Cultural, trabajan actualmente en la preparación de una nueva misa conmemorativa inspirada en el testamento del navegante. El objetivo es mantener viva la memoria de Elcano y recordar también a los hombres que participaron en aquellas expediciones que cambiaron la visión del mundo.
Porque, a veces, la historia no solo se conserva en archivos o mapas. También perdura en gestos simbólicos que atraviesan los siglos, como la misa que un marino pidió celebrar antes de enfrentarse al océano.
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